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Del Verbo Chingar al Verbo Wasapear

Del Verbo Chingar al Verbo Wasapear

Columnas lunes 11 de octubre de 2021 - 18:38

La escena en la que Emilio Lozoya Austin está cenando el legendario pato laqueado en el restaurante Hunan, de

Las Lomas, me recordó algunas imágenes imborrables de la justicia en México.


Lozoya —quien goza de prisión domiciliaria en todo el territorio nacional: México es su dormitorio— es una especie de testigo protegido porque delató a sus cómplices, entre los que figuran un ex presidente intocado, un
Videgaray intocable y un cúmulo de ex legisladores panistas tocados y tocables.

La clave de esta trama está en la conjugación.

Ah: y en el conjugador.

Este último es básico en historias como la que nos ocupa.

El ex senador panista Jorge Luis Lavalle está en prisión porque tuvo la mala suerte de que el conjugador decidió conjugar en su lomo el verbo chingar.

Lozoya, en cambio, tuvo la buena suerte de que conjugaran en sus zapatos el verbo wasapear.

(Acertó el hipócrita lector: ese verbo viene de WhatsApp).

Por ejemplo:

Cada vez que el fiscal Gertz necesita que Lozoya aporte más pruebas en contra de Anaya —Ricky Rikín Canallín—, sólo le manda un WhatsApp.

Ya entrados en la conjugación de wasapear, ambos jugadores cruzan datos y los cuadran.

Eso le permite a Lozoya, entre otras cosas, que pueda salir a cenar con su novia —la señorita Beckmann— al exclusivo restaurante Hunan de Las Lomas.

(Nota bene: los meseros juran que ninguno de los cinco comensales pidió tequila Cuervo, cuyo propietario es
Juan Francisco Beckmann, padre de la novia más reciente de Lozoya).

Wasapear, pues, es el verbo que el conjugador eligió para este héroe de la vida nacional.

Rosario Robles no tuvo la suerte del ex director de PEMEX.

A ella decidieron conjugarle —también en el lomo— el verbo chingar en sus distintas variantes: joder, molestar, importunar…

En cambio, a Emilio Zebadúa —su operador en la Estafa Maestra— le tocó la conjugación —cada vez más recurrente— del verbo wasapear.

La única molestia de Lozoya y Zebadúa es tener que responder vía WhatsApp los mensajes que les mandan desde la Fiscalía.

(Sus pocos momentos de tranquilidad los tuvieron ahora que se cayeron durante varias horas Facebook, Instagram y WhatsApp).

Nos queda claro ahora que todo depende de la conjugación, sí, pero también —y sobre todo— del perverso conjugador.

Es lo que hay.



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/CR

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