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A un mes del terremoto de magnitud 7.4 que sacudió Colombia, el país enfrenta una emergencia que todavía está lejos de concluir: 331 personas han muerto, 4 mil 505 resultaron heridas y 111 permanecen desaparecidas, mientras que más de 466 mil habitantes han sido afectados por el desastre.
El balance de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) contabiliza 466 mil 709 personas damnificadas, pertenecientes a 296 mil 738 familias. Los daños alcanzan a 498 municipios distribuidos en 16 departamentos.
El sismo también dejó una importante afectación en la infraestructura. De acuerdo con el último reporte oficial, 36 mil 326 viviendas fueron destruidas y otras 202 mil sufrieron daños. Además, 743 edificios colapsaron como consecuencia del movimiento telúrico.
El terremoto ocurrió el 10 de agosto a las 07:34 horas, tiempo local, con epicentro en el municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, a una profundidad de 103 kilómetros.
El Servicio Geológico Colombiano lo considera el terremoto más fuerte registrado en el país durante este siglo y el tercero de mayor magnitud en la historia de Colombia. Hasta ahora se han registrado 297 réplicas, incluida una de magnitud 4.8.
El Gobierno colombiano declaró la emergencia económica, social y ecológica y calculó inicialmente que la reconstrucción podría requerir alrededor de 30 billones de pesos colombianos, equivalentes a unos 9 mil 500 millones de dólares.
La recuperación comenzó bajo la coordinación del llamado Fondo Milagro, cuya administración está a cargo del empresario Jaime Uribe. El mecanismo toma como referencia al Fondo para la Reconstrucción y Desarrollo Social del Eje Cafetero, creado después del terremoto de Armenia de 1999.
El presidente Abelardo de la Espriella también anunció un programa denominado Plan Marshall para el Chocó, con el que pretende atender no solamente los daños provocados por el terremoto, sino algunos de los problemas estructurales que históricamente han limitado el desarrollo de la región.
El plan contempla cinco líneas de acción, entre ellas la participación de inversión privada, la modernización de infraestructura vial y portuaria, estímulos fiscales y promoción del turismo sostenible.
El sector educativo también enfrenta consecuencias importantes. Según la UNGRD, 4 mil 313 de los 13 mil 700 colegios existentes en Colombia registraron algún tipo de daño, lo que representa aproximadamente una tercera parte de los centros educativos del país.
Ante las afectaciones, algunas escuelas recurrieron a clases a distancia. Sin embargo, la alternativa ha generado cuestionamientos debido a las dificultades que enfrentan estudiantes de comunidades rurales para acceder a dispositivos electrónicos y a una conexión estable a internet.
La magnitud de la emergencia ha provocado comparaciones con el terremoto que golpeó Armenia, en el departamento del Quindío, el 25 de enero de 1999.
Aquel desastre dejó mil 185 personas fallecidas, más de mil 500 heridas y cerca de 36 mil viviendas destruidas o declaradas inhabitables. También provocó daños en miles de fincas cafeteras.
El sismo de agosto ocurrió apenas tres días después de que Abelardo de la Espriella asumiera la Presidencia de Colombia, por lo que la respuesta a la emergencia se convirtió en una de las primeras grandes pruebas para su administración.
De la Espriella fue criticado después de que lanzara balones con propaganda de su partido a damnificados durante una visita a Buenaventura. También recibió señalamientos por establecer filtros políticos para algunas propuestas de ayuda, entre ellas la participación de un equipo mexicano de rescatistas.
El ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, igualmente fue objeto de críticas después de que se difundieran fotografías suyas en una boda celebrada en un hotel de playa de Santa Marta durante el fin de semana posterior al terremoto, mientras continuaban las labores de evaluación de daños y atención a las comunidades afectadas.